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      ¿Qué es la antifragilidad y por qué debe ser adoptada por tu negocio?  

      ¿Qué es la antifragilidad y por qué debe ser adoptada por tu negocio?

      Ser antifrágil va más allá de resistir. Sacar ventaja del estrés y la volatilidad son factores claves.

      En un mundo variante y siempre incierto, cumplir con la tarea que nos toca no es suficiente. Para triunfar, los agentes necesitan reformular la manera en que reaccionan ante los incentivos más duros y aprender a conseguir sus objetivos sorteando los embates de un camino empedrado. 

      La antifragilidad es una respuesta presente en la mayoría de personas: las impulsa a salir adelante cueste lo que cueste en entornos difíciles. Este concepto, de igual manera, puede trasladarse a los negocios, a modo de una cultura organizacional propositiva y preparada para dar pelea en las situaciones más demandantes. 

      No se trata de ser únicamente resiliente o sólido, sino de adoptar una postura que saque provecho del estrés y el caos. 

      ¿Qué implica ser antifrágil en el día a día y por qué las empresas necesitan tornarse tales para alcanzar el éxito? Desarrollemos algunas ideas. 

      Antifragilidad: prosperar en medio de la crisis 

      El término fue acuñado en el libro Antifrágil: las cosas que se benefician del desorden, del investigador Nassim Nicholas Taleb, quien presenta su obra de la siguiente manera: “algunas cosas se benefician de los sobresaltos, prosperan y crecen cuando se exponen a la volatilidad, la aleatoriedad, el desorden y los factores estresantes y aman la aventura, el riesgo y la incertidumbre”. 

      Y es que, lejos de resistir los choques y permanecer igual, lo antifrágil hace referencia a una respuesta positiva o evolución tras el encuentro con una fuente de daño o la experimentación de una variación cualquiera. 

      La antifragilidad está presente en el mismo ser humano y puede ser comprendida desde una mirada a su condición de ente adaptativo que hace lo posible para permanecer como especie. El cuerpo mismo es antifrágil: el ejercicio supone cierto estrés y hasta experimenta la afectación de los músculos para poder crecer.

      La hormesis es otro ejemplo de antifragilidad leve, donde el factor estresante es una sustancia venenosa; el antifrágil mejora en general con una pequeña dosis de este componente. El punto más importante, de acuerdo con Taleb, es que privar a los sistemas de factores estresantes vitales no es necesariamente algo bueno y puede ser francamente dañino. 

      Por contraposición, un sistema frágil se rompe fácilmente bajo la presión de resquebrajamientos e irregularidades no esperadas. La estabilidad no es necesariamente buena: cuanto más tiempo se pase sin variaciones, sin contratiempos, sin aleatoriedad, peores serán las consecuencias cuando finalmente suceda lo impredecible. 

      La antifragilidad como práctica clave para los negocios 

      Un ejemplo de fragilidad fue lo vivido por el sistema financiero en la crisis de 2008, con sus conjeturas cerradas sobre los riesgos y la serie en cascada de malas deudas (Taleb llama a los eventos descomunales “cisnes negros”). 

      Y es algo que de alguna manera venimos experimentando también en los últimos años con la inflación y la caída de algunos indicadores económicos tras la pandemia y ahora frente a los desafíos mundiales que todos nos estamos enfrentando. 

      A la mayoría de las organizaciones no les gusta la volatilidad, la incertidumbre, el desorden, los errores, los factores estresantes y el caos y esto es contrario a la antifragilidad.  

      Sin embargo, estamos en un mundo donde la disrupción y la aleatoriedad están aumentando. Las empresas que se benefician de la aleatoriedad dominarán el mercado, y las organizaciones perjudicadas por ella desaparecerán. 

      Como señala Taleb, los gerentes no deberían copiar formas de gestión que se ponen de moda. Deberían aprender de empresas como Microsoft, Apple, IBM y GE que han respondido con éxito a los desafíos y las crisis a lo largo del tiempo.  

      Las empresas antifrágiles son exitosas

      Si bien cada viaje organizacional específico requiere diferentes habilidades y competencias, una cosa que todos comparten es la necesidad de operar bajo la incertidumbre y la ambigüedad. Para tener éxito y mantenerse cuerdo a lo largo del caótico proceso empresarial se necesita una mentalidad antifrágil, una que mejore como resultado de esta volatilidad. 

      ¿Cómo deben las empresas volverse antifrágiles? 

      Existen ciertas pautas para que los negocios adopten la antifragilidad con eficacia. Las más importantes son las siguientes: 

      1. Aprendizaje y el crecimiento personal, el mindset es lo más importante.

      En lugar de enfocarse solamente en el éxito financiero, los negocios necesitan crear espacios para que sus colaboradores y directivos aprendan nuevas habilidades y adquieran conocimientos que los preparen para experimentar realidades complejas.  

      2. Aceptar las lecciones, aprender de los fracasos.

      Las empresas requieren mantener los ojos abiertos cuando el entorno las golpee en la cara. Ellas deben mantenerse despiertas y ser conscientes de la experiencia por la que están atravesando. Pasada la tormenta, es obligatorio averiguar qué se puede aprender de lo vivido. 

      3. Fluir con aleatoriedad, tener un propósito.

      Las organizaciones no deben ser reacias al cambio ni tornar rígidos sus procesos. Es necesario hallar soluciones en medio del caos y saber ofrecer propuestas acordes a los tiempos que se viven.

      4. Seguir una dirección aproximada, no una hoja de ruta detallada.

      Dado que nada es absoluto ni permanece estático, los negocios están llamados a tratar cada obstáculo como un posible nuevo camino a seguir, y a desarrollar un sistema de trabajo en lugar de fijarse cerradamente en una hoja de ruta inamovible.

      5. Ser creativo, la innovación es el eje central de los negocios.

      Cuando el mundo se pone patas arriba, toca generar nuevas ideas para salir adelante. Y ello se consigue a través de la creatividad y la participación conjunta. Las empresas deben buscar espacios para escuchar las mejores propuestas para sortear el temporal y crear nuevas soluciones. 

      En conclusión, si aprendemos cómo funciona la antifragilidad, las personas y las empresas pueden construir una guía para tomar decisiones efectivas bajo la incertidumbre de lo no predecible, alcanzando las metas trazadas y acercándose más fácilmente al éxito.  

      Y es hoy cuando se debe comenzar. 

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      Guillermo Schmidt

      Guillermo Schmidt

      CEO en Interfono - Pioneros en Cloud Communication

      Empresario e ingeniero de sistemas con 20 años de experiencia transformando empresas establecidas en México, Colombia, Perú y Venezuela. Apasionado por escuchar a los clientes y buscar soluciones digitales a sus problemas. Creador de una metodología que ayuda a planificar, presupuestar, priorizar, ejecutar y verificar proyectos de transformación digital de forma sencilla y dinámica.

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